En una sociedad consumista como en la que vivimos, hay muchas personas que gastan de manera desordenada su dinero sin tener claras sus prioridades, por lo que se le acaba muy rápido su dinero o sienten que no les alcanza, buscando soluciones “rápidas” pero poco efectivas para extender su ingreso (como el uso de tarjetas de crédito), pero lo que hacen es “endeudarse” y no solucionar su problema de liquidez.

La gran oferta de productos e ideales de lo que es “una buena vida” que nos rodea, estimulan el deseo a adquirir artículos superfluos o de lujo que nos hagan sentir parte de un círculo especial y privilegiado pero que en realidad no necesitamos para vivir. 

Por ello, tenemos que aprender a cuidar de nuestro dinero, es decir, aprender a gastarlo de manera inteligente. Esto no es otra cosa más que saber utilizar nuestro dinero de la mejor manera posible para comprar lo que verdaderamente nos permita vivir mejor y poder alcanzar nuestros objetivos futuros.

Con la llegada del salario, vienen a nuestra cabeza diversos usos que darle, como pagar cuentas, deudas y adquirir bienes y servicios. Sin embargo, una práctica común es que después de pagar lo necesario nos quedemos sin dinero para lo que falta del mes, por lo que es importante usar conscientemente nuestros recursos.

Una forma de controlar mejor nuestro dinero e incluso poder ahorrar, es gastar de manera racional, comparando y cuestionando lo que adquirimos, alejando las compras de cualquier tipo de emoción.

Para iniciar este consumo racional se debe elaborar un presupuesto de gastos fijos o necesarios como la renta, alimentos, electricidad, gas y agua. En esa lista, es correcto agregar lo destinado al ahorro que se recomienda sea del 30 por ciento de nuestros ingresos y de ser viable, destinar 10 por ciento del sueldo para satisfacer nuestros gustos.

Consejos para un gasto inteligente

  • Llevar un registro de todas nuestras transacciones nos permite darnos cuenta de cómo estamos gastando nuestro dinero. 

Podemos utilizar una aplicación de finanzas personales que nos permita poner una etiqueta o categoría a cada gasto, de esta manera podremos saber cuánto es lo que estamos gastando en supermercado, restaurantes, ropa, renta, educación, etcétera.

  • Tener muy claros nuestros objetivos a corto, mediano y largo plazo, el monto que requerimos gastar en ellos cada mes. Este gasto es en realidad un ahorro que estamos separando desde el principio, antes de que se nos vaya en otras cosas.
  • Hacer un presupuesto que tome en cuenta nuestros hábitos de consumo y nuestros objetivos. Esta herramienta debe ser un plan de acción inteligente y que contemple la adecuada distribución de nuestro ingreso. 

La única manera de lograr que un presupuesto funcione es asignando una función a cada peso que ganamos.

  • Si vas a salir, también debes elaborar un presupuesto y revisar los precios. Ya sea que quieras ir a comer o simplemente pasear por alguna plaza, ten en consideración la suma aproximada de lo que pagarás.
  • Ahorrar mediante compras inteligentes te salvará de gastar más o te permitirá adquirir algo de mayor valor.
  • Si tienes una idea clara de adquirir algún producto o servicio, investiga en diversos puntos de venta, ya sea en canales digitales o físicos y verifica las promociones. Muchas veces, los precios ya están establecidos, sin embargo, con los descuentos o promociones puedes lograr un beneficio económico.
  • El ahorro debe ser primordial pues te dará frutos a largo plazo para poder tener una economía más sana y posibilidades de invertir en un corto, mediano y largo plazo en algo mucho mayor.

Nuestros gastos se pueden clasificar en tres categorías 

  • Lo indispensable: son gastos no negociables, se trata de alimentos, vivienda, servicios, transporte, ropa, entre otros.
  • Los gastos que aumentan nuestra calidad de vida: son aquellos que nos brindan comodidad como el teléfono celular, el automóvil, el entretenimiento, etcétera.
  • Aquellos que generan un estilo de vida; es decir, aquellos artículos o servicios que en realidad no necesitamos y no son indispensables para vivir pero nos brindan estatus o nos hacen sentir importantes con una buena imagen, estar a la moda, con prestigio o con lujos.

Toda adquisición que no se planeó, que es puramente emocional, espontánea y no esté presupuestada, es una compra irracional que puede sacar de balance nuestro presupuesto. 

Al consumir es relevante buscar un balance entre calidad y precio, por lo que se debe hacer un estudio del producto al momento y saber qué beneficios nos traerá comprarlo, así como comparar el precio y la calidad.

Al tener conocimiento de estos conceptos, ya no podemos dejarnos engañar por gastos disfrazados de ilusiones, pues ahora podemos pensar antes de comprar, cabe señalar que el 85 por ciento de las decisiones de compra son inconscientes, por lo que debes estar alerta y analizar si es momento de comprar o de ahorrar: “gastar inteligentemente”.